jueves, 29 de agosto de 2013

EL ÚLTIMO CONCIERTO (2012)

Director: Yaron Ziberman

Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Cristopher Walken, Mark Ivanir, Imogen Poots, Wallace Shawn

He disfrutado mucho viendo esta película. Desde que vi el trailer sabía que iría a verla, pero a veces los trailers son mentirosos. Este, no. Ofrece lo que prometía. Es la historia de un cuarteto de música de cámara que, después de 25 años de trabajar juntos y cosechar grandes éxitos, va a tener que disolverse por el párkinson que acaban de detectar a uno de sus miembros. A partir de ahí aparecen todas las tensiones, envidias, amores y sacrificios de los protagonistas. Si no es fácil vivir en pareja, imaginad en cuarteto. La historia es buena, quizás no muy sorprendente, pero sólida. Pero, además, la música juega un papel muy importante en la película. Me gusta que me permitan asomarme a mundos que me son ajenos y que tienen que ver con oficios: las películas en que se cocina, se baila o se es músico de cámara. Uno de los personajes da unas clases de música --con una parte teórica--, que te dan ganas de matricularte inmediatamente.
Y los intérpretes están todos magníficos. De manera que esta semana van

lunes, 26 de agosto de 2013

Entre post y post


Un relatito de una mona invitada, por si a algún lector le asalta la tentación de ponerse malo en Washington.


Una estancia inmejorable

El hombre se ha tirado de la cama al suelo; así, de bruces. La enfermera le dice: ¡Levanta! ¡Compórtate como un adulto! El hombre se hace el muerto, tirado boca abajo. Desde donde estamos lo vemos perfectamente. Primera fila. El hombre es un preso que han traído a Urgencias y que ahora no quiere ir a donde sea que se lo quieren llevar; nos tememos que se teme lo peor, que se vuelve preso. No lo hemos visto entrar, pero desde nuestra privilegiada posición en el pasillo hemos visto adentrarse unos guardias de uniforme, y esposas y cadenas colgándoles de las manos, como a los fantasmas. Del preso hemos sabido porque ha empezado a gritar furioso que quería hablar con el fiscal del distrito. No oíamos lo que le contestaba la enfermera, pero hemos percibido con claridad el golpe que se ha pegado contra el suelo justo antes de hacerse el muerto. Nathalie y yo lo miramos atónitas. Como está en el suelo lo vemos asomar por debajo de la cortina que rodea su cama. La nuestra, bueno, la de Nathalie, aunque estamos sentadas las dos, no tiene cortina. Está aparcada en el pasillo de Urgencias, frente a otras que —los hay con suerte— sí tienen cortinas, y pegando por los pies con otras que —no todo puede ser perfecto— no las tienen. El criterio para que te den cama con cortina o sin ella sigue siendo hoy un misterio para nosotras. Bueno, en el caso del preso que nos tememos que no quiere volver preso estamos casi seguras de que le dan cama con cortina por su condición de preso.

Lo malo de la cama de pasillo es que el pasillo no está pensado para que se aparquen camas y el resultado de aparcarlas —además de contravenir los mandamientos del Feng Shui— es lo más parecido al resultado de aparcar camas en el pasillo de un avión de pasajeros: la circulación se hace muy difícil. Así que cuando pasan enfermeras empujando camillas, o empleados de la lavandería del hospital con carros con sábanas, o personal de la cocina lidiando con una torre de bandejas, gritan, sea cual sea su especialidad: ¡Cuidado con los pies! Y nosotras, que estamos sentadas en nuestra cama de primera fila, tenemos que meter mucho los pies mientras nos compadecemos de los pobres que viajan en las camas, moribundos, nos congratulamos con los que sonríen felices porque ya les llevan a su correspondiente prueba, o salivamos envidiosas viendo pasar el carro de la comida, porque a nosotras, que ni siquiera hemos desayunado, nadie nos ha preguntado si queremos comer algo. Y entonces no lo sabemos, pero nadie nos lo va a preguntar a pesar de que vamos a estar en Urgencias hasta bien entrada la tarde. También es verdad que abrigamos muy pocas esperanzas de que nos lo pregunten: llevamos allí horas porque a Nathalie se le ha desencadenado un horroroso dolor de cabeza —tiene antecedentes de un trombo en una pierna y no ha conseguido contactar con su médico de cabecera— y por más que lo hemos pedido tampoco nos han traído un miserable analgésico.

Pero el pasillo nos tiene muy distraídas: la llegada de nuevos pacientes se anuncia por una megafonía —como un mayordomo que anunciara la llegada de invitados a un baile— que compite con unos timbres que nunca dejan de sonar, y un montón de monjas van y vienen sin que sepamos de dónde a dónde, y probablemente sin que lo sepan ellas, porque no hacen más que ir y venir. También van y vienen muchas enfermeras, aunque a estas se las ve con rumbo fijo. No paran, las mujeres; todas vestidas de diferente color, lo que da una visión poco uniformada, para ser sinceros, y, dadas las circunstancias, un cierto aire de kasbah. Pero justo cuando estoy haciendo esta reflexión —hacemos muchísimas ese día porque seis horas sentadas en una cama dan para reflexionar todo lo que tienes que reflexionar en el año—, justo en ese momento aparece House, House en feo; bueno, ni parecido con House, pero él se cree House, aunque sus estudiantes consideran, no hay más que ver cómo lo miran, que no es House ni por el forro. House se adentra por nuestro pasillo seguido de su séquito de estudiantes, que tienen que caminar en fila india detrás de él por el carril despejado de camas, cuando se da cuenta de que se ha equivocado de paciente y se da la vuelta y la fila serpentea detrás de él. Nathalie y yo no podemos aguantar la risa ni los estudiantes tampoco y House nos mira con desprecio y con un gesto altivo se va a salvar la vida del paciente correcto, seguido de su comitiva. A los estudiantes de Medicina de Georgetown les obligan a llevar corbata, pero no les dejan ponerse bata de médico. En su calidad de meros estudiantes llevan unas chaquetillas blancas, como de camarero, que apenas les cubren la cintura y que se ve que luego, cuando ya se hacen acreedores de bata, revenden en Craigslist, porque algunos llevan la chaquetilla de una talla que claramente no es la suya y que les queda como una torera. Y es un look que, a juicio de Nathalie y al mío propio, la verdad, no favorece.

Para cuando el preso se ha tirado al suelo, a la japonesa de dos camas más adelante ya le han dicho que se vuelva a su casa con su dolor cervical, y un médico, el mismo que le trata a Nathalie, está auscultando a un hombre indio que ocupa la cama aparcada a continuación de la nuestra. El médico habla en voz baja y el paciente no le oye, así que el médico levanta la voz y es imposible que el resto no nos enteremos de lo que allí se ventila y oímos que el hombre se sometió a un transplante de hígado en el pasado y ahora no se encuentra bien. Yo me lo imagino físico o matemático, por lo indio, y me da mucha rabia que esté solo aquí en este pasillo de Urgencias, aunque Nathalie, que lleva ya varias horas compartiendo cama conmigo, lo considera un privilegiado.

El médico que trata al hombre indio probablemente físico o matemático ha visitado antes a Nathalie. Es un hombre alto, del tipo de hombre un poco calvo y con la barba recortada. Lleva la parte de arriba de un uniforme quirúrgico verde remetida por la cintura de unos pantalones azules y el resultado de la combinación es inquietante. Pero lo que más nos hace dudar de él es que lleva el fonendo colgado como los médicos de las películas malas, con los auriculares enganchados al cuello, y no como el resto de sus colegas, que inspiran mucha más confianza, con el fonendo colgado del cuello por el cable del aparato. Pero es una persona muy amable y a pesar de nuestra inicial desconfianza —prejuicios estéticos al fin y al cabo— se dirige a Nathalie casi con afecto. Además, me doy cuenta de que el hombre es una eminencia —una eminencia amiga de compartir su sabiduría— porque le dice a Nathalie que le va a hacer un TAC de la cabeza, ya que el dolor de cabeza puede deberse a varios motivos: que tenga un trombo en el cerebro o que haya sangrado en el cerebro. También añade que puede que no sea nada.

El caso es que nos vamos a quedar sin saber que pasa con el preso —aunque nos tememos lo peor— porque más o menos una hora después de la visita del médico —el tiempo necesario para rumiar bien sus palabras hasta quedar aterrorizadas con las posibilidades— nuestra jovial enfermera, que compartimos con el preso amistosamente, por lo menos de nuestra parte, abandona al preso que se hace el muerto y vuelve a nuestra cama, que ya es sólo de Nathalie porque le han ordenado acostarse, y le pincha a Nathalie en un brazo y Nathalie asegura que a partir de ese momento lo que más le duele es el brazo. Y nuestra enfermera, con mi voluntariosa ayuda, tira de la cama de Nathalie, tarea nada fácil, hasta arrastrarla a duras penas por un pasillo en el que, como no, nos deja aparcadas hasta nueva orden. A mí la situación me parece tensa: ahí en un pasillo, a punto de dilucidar si Nathalie tiene en la cabeza un trombo o un sangrado, o no tiene nada, así que, para distender, me propongo enseñarle a Nathalie unos pasos de baile que se me han ocurrido. Ella me mira y creo que se está destensando porque sonríe levemente y me felicito por mi inspiración; enseguida salgo de mi error: un tipo, que resulta ser el encargado de la prueba, me toca por detrás en el hombro.

Voy a reconvenir a Nathalie justo cuando otra cama colisiona con la nuestra, la de Nathalie, vaya, con tal fuerza que cuando nos reponemos del choque estoy a punto de sugerir que además de la cabeza le revisen el cuello a mi amiga. Pero no lo hago porque soy muy discreta y porque Nathalie me ha prohibido que me dirija bajo ningún pretexto al encargado de la prueba. Todo porque un cartel en la pared del pasillo donde está aparcada su cama, a la puerta de donde practican las pruebas, ordena en letras grandes: Diga al encargado de la prueba si está embarazada, y yo le he revelado a Nathalie mi intención de decirle al encargado que no, que no lo estoy; pero Nathalie, con una falta total de sentido del humor, me lo ha prohibido tajantemente.

El enfermero que empujaba la otra cama se está deshaciendo en disculpas y otras cortesías con nosotras. Pero no me engaño, es Nathalie la que le gusta: amor a primera vista, como puedo comprobar más tarde, porque durante la prueba, 15 minutos, sale tres veces de una madriguera cercana para preguntarme cómo está Nathalie y si la prueba ha terminado ya. Yo consigo tranquilizarlo a duras penas: Estoy segura de que Nathalie hará un esfuerzo por perdonarle, y en cualquier caso yo intercederé a su favor. Y el hombre se va mucho más contento, aunque veo que se queda apoyado en el quicio de su puerta esperando a que termine la prueba, que al pobre se le está haciendo eterna, y tenga ocasión de saludar de nuevo, y por última vez, al objeto de su súbito amor.

De vuelta a nuestro pasillo inicial, donde amablemente nos han guardado la plaza de aparcamiento, es más que obvio que Nathalie se está ya hartado de la espera de lo que ella denomina “el veredicto”, haciéndome cuestionar realmente el funcionamiento de su cerebro. Se está hartando del escenario, de los actores secundarios y de mí, que le robo protagonismo con mi exuberante personalidad y que además estoy vestida y ella no, puedo deambular —lo que el espacio permite— y ella no, y me he comido un plátano que ella llevaba en el bolso, y ella no. Así que se desentiende de mi persona y concentra todas sus energías en la redacción de un mensaje de texto por teléfono a su marido, tarea ésta que le ocupa durante 20 minutos, tras los cuales afirma: tú hijo Antonio lo haría más rápido que yo. ¡Señor! Pienso yo, Antonio tiene 15 años; su hija Eva, de tres, también lo haría más rápido que ella. ¡Probablemente el preso esposado con las manos atrás lo haría más rápido que ella! —aunque no estoy segura de que el preso sepa español y además el preso ya no está—, pero no digo nada porque no me parece que esté la tarde para esos matices y tampoco se me escapa que el hambre empieza a hacer mella en nuestra paciencia y, posiblemente, en nuestra amistad.


Van a pasar todavía varias horas hasta que consigamos salir: Nathalie va a atrapar, casi por el método de la zancadilla, a su médico de cabecera desaparecido, que descuidadamente se deja caer por el pasillo de Urgencias, y que le va a hacer el mismo caso que cuando estaba incontactable; el médico de la parte de arriba de un uniforme quirúrgico verde remetida por la cintura de unos pantalones azules y el fonendo con los auriculares enganchados al cuello va a venir, pulgares hacia arriba, y nos va a decir con una enorme sonrisa que todo está bien, que es sólo un caso de “mala suerte, dolor de cabeza”; vamos a conseguir, no sin esfuerzo, un tylenol 600; nos van a inundar de papeles y explicaciones, y una señora vestida de calle nos va a preguntar qué nos ha parecido nuestra estancia en Urgencias. Nathalie ha ido a cambiarse al cuarto de baño y la señora se ha dirigido a mí, que he aprovechado la ausencia de Nathalie para tumbarme en la cama. La reconozco de una de las fotos de un cartel del pasillo: es el enlace entre los pacientes y el servicio médico, le gustan cocinar y los perros, está soltera y sueña con viajar de vacaciones a Brasil. Perpleja, contesto que nuestra estancia en Urgencias ha sido inmejorable. Cuando salimos, mucho después, cuando a Nathalie le quitan la vía del brazo después de que ella haya amenazado varias veces con arrancársela, saludo a unos y a otros con efusivo entusiasmo, para ser coherente con mi declaración ante la amante de los perros, la cocina y el Brasil. Ahora la perpleja es Nathalie. 

Ra Mona

domingo, 25 de agosto de 2013

ELYSIUM 2013

Director: Neill Blomkamp
Intérpretes: Matt Damon, Jodie Foster, Sharito Copley, Alice Braga, William Fichtner, Diego Luna

No es que las monas seamos unas intelectuales, nada más lejos de la realidad. Ni que no nos gusten las pelis comerciales de ver con palomitas (aunque a la mitad de las monas les moleste la costumbre de comer en los cines). Nos gustan las Misiones imposibles, las Guerras de las galaxias y los Indiana Jones. Pero no todo vale. Y Elysium es un buen ejemplo de lo que no vale. No es suficiente con unos buenos efectos especiales, ni con conseguir buenos actores, te han de meter en la historia, si no, no jugamos. Elysium con sus pretensiones de historia moral, sus buenos y malos de cliché soporífero, consigue que se te caigan las palomitas de las manos del aburrimiento. Ni ver a Diego Luna en un papel secundario --qué bien nos cae este hombre-- ha conseguido animarnos. Por tener tanto presupuesto y malgastarlo de esta manera le damos 

sábado, 24 de agosto de 2013

PERDIDA

Sé que en junio dije que ya había encontrado la novela del verano: La verdad sobre el caso Harry Quebert, y ya dije entonces que era peligroso encontrarla tan pronto. Tenía razón, porque he encontrado otra novela del verano: Perdida. Desde aquí tengo que agradecer a Patricia la recomendación de las dos, porque no conocía a ninguno de los dos autores. Imaginaos a una pareja joven, guapa, de esas "made en heaven" --que dicen en EEUU que son muy cursis--. Es el quinto aniversario de boda y Amy desaparece de casa dejando atrás un escenario con signos de violencia. Nick, el desconsolado marido llama a la policía. Pero nada es lo que parece, y la historia te descoloca cada 100 páginas (tiene más de 500, pero no la puedes soltar). Es una historia de intriga, es un retrato corrosivo de las relaciones de pareja, es una novela original y no os la podéis perder. La autora, por si fuera poco, es joven y guapa. La vida es taaaan injusta. Las monas no somos envidiosas y le damos

domingo, 18 de agosto de 2013

MÚSICA DE CÁMARA

Es bonita esta novela de Rosa Regàs. Y triste, pero eso es algo casi inevitable en una historia que se desarrolla en Barcelona en 1949, en esa posguerra gris y fea que tan bien refleja el libro. Arcadia es una niña de unos 12 años que vive exiliada en Francia con sus padres. Al morir estos en un accidente vuelve a Barcelona a vivir con su tía Inés. La primera parte de la novela describe la infancia y juventud de la protagonista, su amor por un chico de clase alta y su ingenua pretensión de que el amor lo puede todo. La segunda parte transcurre en 1984 y los dos protagonistas repasan la historia de la transición desde puntos de vista muy distintos.
Me ha gustado especialmente la primera parte, ese recorrido por la Barcelona que he conocido y otra anterior llena de contradicciones, con belleza y miseria, gente valiente y otra sin escrúpulos. Con las mujeres  sujetas a un papel tan estrecho. Me recordaba a las protagonistas de las novelas de Carmen Martin Gaite o a la de Nada, de Carmen Lafforet.
La segunda parte me parece un poco más forzada, el recurso de una conversación larga para explicar un montón de años no me parece que funcione muy bien. Con todo, he disfrutado mucho leyéndola.

viernes, 16 de agosto de 2013

SACRIFICIO A MOLEK

En el fenómeno de la novela negra nórdica hay de todo, grandes hallazgos como Mankell y Larsson (el de Millenium) y mucho pestiño que se ha colado al amparo de la moda. Pero Åsa Larsson me gusta, por su protagonista, Rebecka Martinsson, que es una mujer compleja pero no antipática; por sus paisajes, que dan frío al leerlos y por sus tramas, que siempre tienen algo muy pertubardor.
En esta novela se mezclan dos historias que están relacionadas: una pasa en la actualidad y la otra en 1914, cuando una joven maestra se dirige de Estocolmo a Kiruna. Me ha gustado especialmente esa parte, imaginar cómo era la vida en esa época en un lugar tan inhóspito, entre la gente pobre que trabajaba en la mina, las mujeres que intentaban llevar un vida independiente. La trama actual también está bien y todos los personajes  resultan interesantes. Buena lectura para quitar el calor de verano, el otoño polar de Kiruna.

jueves, 15 de agosto de 2013

EL ESTUDIANTE (2011)

Director: Santiago Mitre

Intérpretes: Esteban Lamonthe, Romina Paula, Ricardo Felix, Valeria Correa

A esta película fui por la buena crítica de Inperdibles y, aunque no siempre estamos de acuerdo, aquí comparto la opinión.
Roque es un estudiante que llega a la Universidad de Buenos Aires --una universidad hecha polvo y muy politizada-- y, poco a poco, se va metiendo en las intrigas de la política universitaria que tanto se parecen a las  de cualquier otro ámbito. Me ha parecido una película interesante y desesperanzadora. El protagonista me parce un personaje intrigante ¿qué le mueve? ¿la ambición? ¿la búsqueda de un sitio en el mundo? Creo que será más interesante para los argentinos porque captarán muchas referencias a la historia política del país que a los demás se nos escapan y porque entenderán a la perfección qué dicen los personajes (yo, a veces, perdía frases por el acento). Entre personajes oscuros y trepas y los estudiantes románticos y absolutamente ineficaces (en plan "votemos si votamos") a mi me ha dejado un poco angustiada. Se parece peligrosamente a la realidad que vivimos cada día. Una duda para los que la hayáis visto ¿qué pinta el personaje del padre? Para mí, en las películas y en las novelas, lo que no encaja sobra, y no veo que ese personaje encaje.

martes, 13 de agosto de 2013

EN CAÍDA LIBRE

Me hace siempre mucha ilusión descubrir autores de novela negra españoles que me gusten, aunque no me pasa a menudo. Mis últimos descubrimientos fueron Domingo Villar y Toni Hill. Pues ahora puedo añadir a Rosa Ribas, claro que venía recomendada por la librería Negra y Criminal, que son los que más saben y mejor recomiendan del mundo mundial. La protagonista es la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, una alemana hija de alemán y española que vive en Francfort. Los personajes resultan muy creíbles y la trama está muy bien pensada: una red de narcotraficantes que opera en el aeropuerto donde la inspectora debe infiltrarse. No os voy a contar más, que no quiero destripar nada, pero he disfrutado mucho y pienso seguir las andanzas de Cornelia Weber-Tejedor.

lunes, 12 de agosto de 2013

AHORA ME VES (2013)

Director: Louis Leterrier

Intérpretes: Jesse Eisenberg, Dave Franco, Morgan Freeman, Mark Ruffalo, Isla Fisher, Melanie Laurent, Woody Harrelson, Michael Caine

El sábado por la noche de Semana Grande es el momento ideal para ir al cine. Estábamos cuatro personas y, dos de ellas, monas.
Aprovechamos para decir NO nos gustan los fuegos, vale ya de palmeras, gusanitos y tracas.
La peli era de las de ver con palomitas, aunque en esto las monas discrepamos, yo considero un pecado imperdonable comer, beber o hacer ruido en el cine y Mona-da (otra generación!) come palomitas a dos carrillos pese a la esmerada educación que ha recibido.
Pues la peli es de un grupo de magos que hacen trucos espectaculares que encubren robos y los polis que los persiguen. A mi me entretuvo, pero yo soy bastante simple. Mona-da dice que no se han currado el guion, que hay demasiado personajes y que es un poco tramposa. Decidid vosotros si os arriesgáis.  Hay mejores opciones en cartelera, pero para pasar un rato no está mal. En atención a mis acompañantes y como no tengo ninguna personalidad le doy 

domingo, 11 de agosto de 2013

SICILIA 4 (TAORMINA)

Desde pequeña soñaba con venir a Taormina. Yo pensaba que era por un libro que leí que se llamaba La historia de Saint Michele pero, ahora que he estado mirando a ver si lo encuentro para releerlo, descubro que esa historia pasa ¡en Capri! De manera que no sé de dónde me vino esa idea de Taormina. Suponía que me iba a decepcionar, mi amiga Reyes me advirtió "es como Lloret", pero yo tenía que verlo. Por suerte la primera impresión fue bonita. Nuestro  Grand Hotel Baia Taormina (reparen en el adjetivo) está en un monte sobre el mar. El jardín está lleno de adelfas, higueras, palmeras y buganvillas moradas.
Así imaginaba yo Taormina
Bueno, suerte de esa primera impresión porque, aunque se intuye que fue un pueblo precioso y es posible que aún lo sea en invierno, ahora es un hervidero de turistas paseando por calles comerciales que venden cosas horrendas. Bares, trattorias, gelaterias... Todo abarrotado. Es una pena porque hay edificios muy bonitos y las vistas son maravillosas.
Por lo tanto, nos dedicamos a descansar, ir a la playa --que es maravillosa, de esas con aguas cristalinas--, leer y descansar.
Una cosa a destacar es la hermosa amistad que empezó entre il mio marito y el conductor de la furgonetilla que nos bajaba a la playa. ¡Giulio! --dijo él--come Giulio Iglesias. ¡Luciano! --contestó Giulio-- como Lucky Luciano. A partir de ahí mantenían largas conversaciones paralelas, en plan "de dónde vienes, manzanas traigo", pero se veía que había aprecio.

 Vistas lejanas, las únicas aceptables
Atardecer en Taormina
 Otra cosa buena de este viaje es que he descubierto un campo profesional para el que estoy dotada: la decoración de hoteles. No es que crea que tengo un gusto excepcional, pero estoy segura de que nunca, bajo ningún concepto colocaría lámparas con base en forma de piña y pantalla decorada con obispos montados en burro. Y almohadones a juego. Lo juro.

Lámpara horripendi
Almohadoni a juego




viernes, 9 de agosto de 2013

SICILIA 3 (ORTIGIA)


Si tenía razón Luis Llach en Itaca y cuando emprendes el viaje has de rezar porque el camino sea largo, el camino Agrigento-Siracusa es el ideal. Cuatro horas para hacer 200 kilometros. Es la famosa carretera de los pueblos que te permite ver muy bien toda Sicilia. Cuando por fin llegamos a nuestro destino, Ortigia, una isla unida por puentes a Siracusa, estábamos reventados.


Vistas desde la habitación
Por suerte el Grand Hotel des Étrangers (en Sicilia no hay un hotel que no lleve el Gran por delante) era lo que nosotros merecíamos. Así me imagino yo los hoteles elegantes de la costa azul: habitaciones con vistas al mar, aspecto señorial, spa, terraza. Está bien sentirse la Preysler aunque sea un día al año.
Aquí desayunábamos. Qué tiempos aquellos.












Vistas de la terraza



















Así como alrededores de Agrigento nos parecían una versión cutre de la Costa Dorada, Ortigia es como Cadaqués: tranquilo, elegante, con tiendas de artistas y yates en el puerto.
Todo es bonito y apacible, palazzos e iglesias, casas con entradas inmensas para los carruajes, calles peatonales. Vamos, lo que yo necesito (y merezco) para veranearme. Os recomendamos el restaurante La Foglia (Via Capodieci 29). No solo porque se come bien, es que es precioso. Cada mesa está decorada de forma distinta, con vajillas, copas y manteles diferentes. También en Sicilia hay gente con buen gusto.


Tienda de polos que te devolvía a la infancia

Restaurante La Foglia 
.
Esta será más barata y si la restauramos...
¿Nos compramos esta?
Aquí nos cabe el carruaje fenomenal
Angelitos forzudos
Callejuela florida
Palazzo que necesita restaurazione

jueves, 8 de agosto de 2013

SANTAS PATRONAS DE PALERMO

Los palermitanos no son de hacer las cosas a medias y puestos a elegir patrona prefirieron asegurarse y elegir cuatro, por si acaso. Son Santa Rosalía, Santa Ninfa, Santa Olivia y Santa Cristina.  Dos con vidas más o menos tranquilas y dos mártires pero a conciencia. En realidad podemos decir que dos son de verdad y dos de origen muy dudoso, pero a nosotras las santas nos gustan igual y no nos ponemos en plan prueba del carbono 14, porque le quita mucho encanto.
SANTA ROSALÍA
¿Was Santa Rosalía a goat?

Esta santa decidió llevar una vida tranquila y a los 14 años se retiró a una cueva a rezar y allí se quedó. Es la protectora contra la peste y los terremotos, todo muy útil en Sicilia. La llamaban la Santuzza por su pequeña estatura. Parece ser que encontró sus restos en una cueva algún pastor y desde entonces los veneraban. Pero en el siglo XIX va un científico inglés de esos impíos y certifica que los restos son ¡de una cabra! Creemos que tuvo que salir huyendo de Palermo después de estas declaraciones. La revista Science ha corroborado esta versión, pero en Palermo les chupa un pie. La Santuzza una cabra, vamos hombre.
Santa Ninfa a punto de salir para la Isla del Lirio

SANTA NINFA
Esta es de tan dudosa procedencia que ni siquiera aparece en el santoral católico. Parece que es un asunto de malas traducciones y leyendas populares. Una lástima, porque llamarse Ninfa queda de lo más elegante. La leyenda dice que era la típica joven romana hija del prefecto que se convierte al cristianismo gracias al obispo Mamiliano. El prefecto se mosquea, la tortura y la encarcela, pero los ángeles la liberan y se la llevan a la Isla del Lirio a ella y a Mamiliano donde pasan años en continua oración. No me extraña que no la hayan admitido en el santoral ¿en continua oración? ¿solos en la Isla del Lirio? Llamadme mal pensada, pero no me lo creo. Esto parece más El Lago Azul que una vida de santa.

SANTA OLIVIA

Santa Olivia predicando a los leones
Esta historia empieza con emoción: a los 13 años la secuestraron unos piratas y se la llevaron a Túnez. Pero ella empezó a convertir a todos los tunecinos y las autoridades la llevaron a a la selva (por aquel entonces, Túnez tenía selva) para que se la comieran las fieras. Pero los animales se hicieron sus amigos y además los cazadores se convertían al cristianismo. Probaron otros sistemas, como encerrarla sin comida, pero Santa Olivia era como un dibujo animado, nunca le pasaba nada. Al final, hartos de probar sistemas indirectos, le cortaron la cabeza.

SANTA CRISTINA
Esta pobre santa se lleva la auténtica palma de oro del martirio.
Santa Cristina recibe ovación de los ángeles
Su padre intentaba que adorara ídolos de oro y plata, pero ella los rompió y los repartió a los pobres. Las 12 doncellas que tenía se chivaron y el padre, en vista de que no la convencía, mandó traer 12 verdugos (todo iba por docenas en aquellos tiempos). Bueno la lista de torturas es infinita: flagelación, rueda, fuego, tirarla al mar con una piedra en los tobillos. Nada, ella tan pancha. Su padre decidió decapitarla --sistema que había dado tan buenos resultados--, pero la víspera el hombre murió de repente. Sus sucesores siguieron con los tormentos: cuna llena de aceite hirviendo, cortarle la lengua, los pechos. Nada. Al final unas flechas en el corazón acabaron con la santa, pero consideramos que se merece el primer puesto en el ranking de patronas de Palermo, que la mujer se lo ganó.

miércoles, 7 de agosto de 2013

SICILIA 3 (AGRIGENTO)

No fue fácil llegar al Grand Hotel dei Templi de Agrigento sin GPS, sobre todo porque no estaba en Agrigento, sino en Vilaggio Mose. Y cuando llegamos por poco salimos corriendo. Imaginaos un pueblo de costa que tuvo su momento pero en el que ha cerrado casi todo. Un hotel como de los años 60 que nunca se reformó y al que las cuatro estrellas le cayeron del firmamento. Imaginaos que sois los únicos huéspedes de un hotel de cuatro plantas  ¿qué os sugiere? A nosotros, El Resplandor. Teníamos una consigna: si aparece un niño con un triciclo por un pasillo, salir huyendo. Para que veáis que no miento.

Desayunamos solos aquí



Agrigento sigue la tónica de Palermo: maravillas arquitectónicas hechas polvo. Las vecinas charlan en las ventanas de lado a lado de la calle bajo un tímpano de piedra labrada; los palacios se desmoronan; un propio se está construyendo una iglesia. En resumen, cada casa es un palacio y cada palacio una ruina.

San Francisco al borde del suicidio
Iglesia en autocostrucción.
De momento ya tiene la puerta




















La colada en el palazzo
No hay casa fea en Agrigento





















Todo está lleno de olivos, adelfas, palmeras y pitas. Muy cercano y muy lejano a la vez. Es bonito Sicilia, pero no me parece que sea un buen sitio para vivir. Creo que dan por sentado que las cosas van a ir mal. Los esperanzados emigraron.
 El Valle de los Templos es impresionante, pero tiene su riesgo hacérselo en verano, no hay ni una sombra y estábamos a 35 grados. Lo más bonito el Templo de la Concordia, sin embargo me decepcionó el Giardino de la Kolymbetra, que yo me imaginaba como el Generalife y, aunque es un jardín con naranjos, limoneros, granados y almendros, ni con la mejor voluntad se le puede llamar un vergel. En medio del valle hay un edificio donde el artista invitado expone su obra. O era sobrino de un capo o no entendemos porque a ese hombre le invitaron ni a una caña.


Templo de Hércules




Escultura del artista becado. Atención a la Hello Kitti.

Templo de la Concordia


Templo de Hera




















































¿Indiana Jones, Coronel Tapioca o Mrs Durrell?
Giardino de la Kolymbetra















 Un sitio muy recomendable para comer es el restaurante Ocean, en San Leone (lo único recomendable de San Leone, por otra parte) y en Agrigento encontramos el sitio moderno, que en Sicilia se aprecia más. Se llama àPutìa y es una bottega con unos vinos buenísimos y unos picables estupendos (vía Porcello 18/20).
Lo bueno de hacerte los templos andando es que se quitan las coplas con el hotel. A la vuelta, me encuentro a las gemelas fantasmagóricas y les digo "Buona sera".
Aprendimos dos palabras nuevas en italiano especialmente bonitas: agua con gas es acqua frizzante (notas las cosquillas en la nariz al decirlo) y en la carretera bandas sonoras son bandi rumorosi, que parece que te susurran al oído.



Más fenómenos paranormales: se nos
aparece la Virgen en San Leone


Restaurante-palafito




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