domingo, 22 de junio de 2014

SAN JULIÁN

Hace poco estuvimos en Bidaurreta, pueblo precioso que os recomiendo visitar, y el párroco nos hizo una visita guiada de la iglesia de San Julián. No se explayó mucho sobre la vida del santo, que si era obispo y poco más.  Pensé que el hombre no sabía y me puse a hacer averiguaciones. He descubierto el motivo del silencio: San Julián será santo, pero no era buena persona. Ya sé que suena un poco contradictorio pero, cuanto más vidas de santos leo, más casos encuentro. La biografía es confusa, el único dato que se repite es que fue obispo, pero en todas las peripecias vitales se distingue por su mal carácter. En una de las historias, siendo obispo un diácono le robó unas ovejas. El santo le mandó un fuego que le devoraba las entrañas y que, al intentar apagarlo con agua, produjo un tufo que ahuyentó a las gentes. Murió al poco rato. Como milagro lo veo poco edificante. Otra biografía de un San Julián dice que era un entusiasta constructor de iglesias y destructor de templos paganos. La gente huía porque intentaba que todo el mundo trabajara en lo suyo. Un grupo de hombres que lo vieron de lejos tumbaron a uno del grupo en el carro y, cuando el santo les pidió ayuda, se excusaron diciendo que llevaban un muerto a enterrar. El segundo milagro consistió en convertir la mentira en verdad, porque el que se hacía el muerto murió de verdad. Por supuesto, los compañeros se dedicaron diligentemente a la reconstrucción de templos. Y la tercera historia es la mejor, viene a ser como Edipo de Tebas. Un ciervo al que perseguía le dijo a San Julián que mataría a su padre y a su madre. Horrorizado por la profecía, huyó de allí, se organizó otra vida, se hizo rico y se casó. Los padres, que no dejaban de buscarlo, llegaron a su castillo años después, un día que Julián estaba fuera. Su mujer los instalo con todos los honores en su propia habitación y se fue a dormir al ala norte. Cuando el santo llegó a casa y se encontró a una pareja en su cama, hizo lo que haría cualquiera: degollarlos. Cuando vio que no eran su mujer y un amante, sino sus padres, no se arrancó los ojos porque no había leído a Sófocles y se fue a hacer obras de caridad pero, para mí, se mire como se mire, ese santo era un bicharraco.

2 comentarios:

  1. jaja, lo único que se me ocurre decir, tras agradecerte las risas, es que eres lo que en catalán decimos lletraferit, que no es solo por la lectura, sino un enfermo de toda forma de narración. Tiene mala cura, me han dicho. Afortunadamente, añado yo. Tuve una profesora que siempre decía que la narración nos ayuda a ser más felices, porque hace que sepamos contarnos bien nuestra vida, desde lo grande a lo pequeño, desde lo fundamental a lo accesorio.

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    1. El santoral es un material literario de lo más ameno y, con frecuencia, perverso.

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