jueves, 25 de agosto de 2016

HERMANO


96 minutos.

Dirección: Marcel Rasquin.

Elenco: Fernando Moreno, Eliú Armas, Alí Rondón, Marcela Cirón, Gonzalo Cubero, Beto Benites, Gabriel Rojas

El Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid está realizando un ciclo en el que, cada martes, proyecta un título destacado de la cinematografía del país caribeño que ocupa un lugar también muy destacado en nuestros medios de comunicación nacionales. Celebramos la iniciativa. A través del cine, precisamente, podemos aproximarnos mejor al conocimiento del país hermano que tanto parece preocuparnos y del que sin embargo, poco o nada sabemos.

Que el Centro de la Diversidad Cultural haya incluido a Hermanos en su programación no deja de ser sorprendente para un centro ligado a la Embajada Bolivariana, pues es una película que deja de lado el omnipresente proceso político venezolano y presenta una realidad durísima, sin el menor atisbo de logro revolucionario.

Decía Hugo Chávez que lo que no se puede contar, no se pude cambiar. Se refería a lo cuantitativo, sin embargo, es una frase perfectamente válida para Hermano, pues es exactamente lo que hace: narrar una realidad que urge ser cambiada. La historia está localizada en Petare, el barrio más grande de Venezuela. Barrio es sinónimo a lumpen, de miseria. Allí viven miles de personas cuyos problemas son tantos y de tal magnitud que nos resultan muy alejados vistos desde una cómoda sala de proyección con el aire acondicionado a todo meter para soportar la infernal verano madrileño.


Los problemas cotidianos en los barrios de Caracas hacen la vida axfisiante para cualquier habitante, como lo son también en la construcción del guión, sin pausa, sin aliento, a ritmo de videoclip, donde parece haber demasiado. Quizá sea lo más criticable a esta valiente película. Es impagable el esfuerzo de autores venezolanos por llevar al cine historias tremendas, duras, pero necesarias. Parece que este esfuerzo merecería, igualmente, una búsqueda de nuevos caminos en vez de copiar estéticas importadas tan ajenas a sus dramas. Hallazgos apuntados, esbozados, como su espléndido final, pero no desarrolladas a la largo de la película. Destacar las inmensas interpretaciones de los actores que hacen vislumbrar un futuro prometedor al cine venezolano que seguiremos disfrutando, cada martes, en el Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid.

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