martes, 15 de agosto de 2017

CRÓNICAS CUBANAS 2 (MONA JACINTA)

Pseudomona presenta sus respetos
 a Fidel
Nuestro primer día en Cuba empezamos la jornada cambiando dinero en el banco. He de decir que no es una operación rápida ni sencilla. En los bancos hay una cola tremenda, para ser más precisos, dos. Una para caja y otra para comercial. Supusimos que la nuestra era para caja porque había más guiris en esa. Un guardia jurado iba dando paso según la gente que había dentro. De vez en cuando se colaba alguien (o eso parecía). No sé si porque su operación no se incluía en ninguna de las dos colas, porque trabajaban en el banco o porque tenían mucho morro. Como nadie se quejaba, yo callada por lo de allí donde fueres... (aunque no respetar las colas va en contra de mi naturaleza). Hecho ese engorroso trámite, nos fuimos a pasear por La Habana Vieja.
La Habana Vieja
Es una mezcla extraña de edificios preciosos y destrozados; gente muy amable y continuas propuestas de ir a comprar puros; coger coches de caballos, taxis o bicitaxis (con aire acondisoplado, que dicen ellos); peticiones de dinero o de que les compres leche, pañales o lo que sea; ofertas de souvenirs o artesanía. Te sientes el turista más turista del mundo(y lo eres)´.

Aquí hacen fusión de salsa
y danza del vientre
Hay gente muy guapa: mulatas de cuerpos esculturales, trigueños de ojos verdes, niños preciosos de todos los colores y también mendigos y tullidos pidiendo unas monedas. Da la sensación de estar al borde de convertirse en una parque temático para turistas. Es el peligro que tiene el exceso de visitantes, por un lado ayuda económicamente, por otro acaba machacando lo que es bello de un lugar.
 Al fondo framboyanes floridos
(no tenías ni idea de lo qué eran)
Está lleno de plazas y rincones bonitos. Mucho color en todas partes: framboyanes floridos, puestos de frutas y zumos, casas azules, rosas y amarillas. Y calor, un calor húmedo y pegajoso que hace que sientas que te vas a poner enfermo. Hay que moverse a un ritmo lento, beber mucho y descansar. No quiero ni pensar qué será hacer un trabajo físico con esa temperatura.

Vimos una tienda en la que ponía "Reparamos espejuelos" y dentro había un señor mayor arreglando gafas. Me encantó el nombre, no digáis que no es mucho más glamuroso llevar espejuelos que gafas. A partir de ahora siempre más llevaré espejuelos: de lectura, de sol, de lo que haga falta.


 Colores por todos lados

Reposando del calor

Buscando parientes


Casa primorosa
Aquí, reparando espejuelos
Pseudomona con espejuelos cubanos

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