jueves, 30 de agosto de 2018

OS MACACOS EM PORTUGAL (MONA JACINTA)

Este verano las monas apenas hemos pisado el niu, o mejor dicho, hemos anidado en muchos sitios. Para empezar Pseudomona y yo fuimos a Suiza, después se nos añadió Mona-da para ir a Portugal y eso os voy a contar aquí.
Ahora está de moda despotricar del turismo: que si inundan las ciudades, que si provocan las subidas de los alquileres, que si llevan sandalias con calcetines... Pero, ay, amigos, cuando nos toca del otro lado...
Vista desde nuestro apartamento

Allí estábamos, en pleno mes de agosto, en el Algarve, con otros tres o cuatro millones de turistas. para empezar, el Algarve está condenadamente lejos. Quizá no si eres de Ayamonte, pero de Donostia una jartá. Hicimos noche en Madrid y el sábado tardamos ocho horas en llegar a Portimao, la Gandía del Atlántico, como la llama mi cuñada. Y así es.Una cosa debemos advertiros: el sistema de autopistas portuguesas es enemigo del turista. Consiste en una trampa mortal. No hay peajes, ni tiques. En algunos lugares ocultos puedes vincular la tarjeta de crédito a la red de autopistas, pero no en el camino al Algarve. Ahí has de comprar una especie de "rasca y gana", luego envías el número que te sale por SMS con la matrícula del coche y por la autopista te van descontando. Vamos, que has de ir echando cuentas por el camino "¿cuánto ponía ahí? ¿1,30? me quedan 8,70" muy práctico. Por si fuera poco, es muy difícil  comprar las dichosas tarjetas, tuvimos que ir a cinco gasolineras para conseguirla. Debe ser un astuto plan del gobierno para sanear la economía portuguesa a base de multas.
Portimao debió ser bonito hace años, pero la especulación lo llenó de mamotretos para que los ocupe gente como nosotros.
Cigueñas anidando frente a casa
Nuestro apartamento era pequeñito pero bastante cuquis y se veía el mar desde las ventanas. La primera noche estábamos muertos-matados y, después de un paseo y una cena, nos retiramos a nuestros aposentos. Fue doloroso comprobar que el aire acondicionado no funcionaba y aquello era un horno. Abrimos todas las ventanas y, si bien refrescó un poco, fue como dormir en la M-30. ¡Qué tráfico nocturno tiene Portimao!

Al día siguiente, hartos de coche, decidimos quedarnos en la playa del pueblo. Igual que otros 500 000. Como auténtica familia pantxineta, perrtrechados con sombrillas y sillas nos dirigimos a nuestro destino.
Museo de la Sardinha
Eso sí, la playa está ordenada: zona de sombrillas, cuerda, zona de no sombrillas. Son costumbres...

Después de unos bocatas, una siesta y y una ducha reparadora, nos fuimos al Museo de la Sardinha que, contra lo que pueda parecer, era muy bonito e intersante. Cenamos por ahí, visitamos la Feria del Libro y nos acostamos más reconciliados con el mundo. Bueno, excepto Mona-Da que perdió sus gafas de sol graduadas en la mar océana. ¿Por qué se baña con gafas? También son naturalezas.
(Continuará)
Me contrataron en el museo
Interior del museo

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