Sant jordi 2015


¿Se nota la ilusión
que me hace?
Ayer era el primer día de Sant Jordi de mi vida en que algo me ponía más nerviosa que si me iban a regalar una rosa (o más de una, en un mundo de fantasía). ¡Iba a firmar libros!
Allí que me fui, a las 5 en punto, puntual como un clavo. Me senté muy digna en el taburete que la librería Elkar me había preparado y...

Ahí empezó mi angustia vital ¿qué cara se pone cuando vas a firmar libros? ¿Simpática para caer bien? ¿Asustada para dar pena? ¿Digna como si tuviera costumbre? Unos nervios, os lo aseguro. Y un frío pelón. Yo había elegido una gabardina verde muy mona, pero no muy abrigada (suelen ser conceptos incompatibles) e intentaba disimular las ganas de taparme con una manta zamorana. Afortunadamente, los que se acercaba a curiosear no tenían ni idea de quién era yo y, en vez de mirarme con lástima, me preguntaban:

--Señorita ¿qué precio tiene el de María Dueñas? ( o el de Dolores Redondo, según la señora).

Yo averiguaba el precio y contestaba. Pensé que si no se vendían mis libros por lo menos tenía que intentar caer bien a los del puesto. Todavía me esperaba una nueva tortura, la actividad cultural de la tarde consistía en una actuación de payasos. Como sabéis, una característica de los payasos es gritar como si los niños fueran sordos, que parece que tengan público de la tercera edad, con el oído tan fino que tiene los niños y estuve a punto de sufrir una perforación de tímpano.
Amigo haciendo de cebo


Como podéis imaginar yo tenía una estrategia secreta, había dicho a todos mis amigos que se acercaran para hacer de cebo, como los trileros, ya sabéis. Mis amigos, que son todos buenísimas personas, vinieron e incluso mandaron a conocidos y compañeros de trabajo, es más, compraron libros para todos sus parientes. Pero la estrategia funcionó y empezó a acercarse gente, a pedirme firmas, a comprar libros ¡incluso una señora me pidió hacerse una foto conmigo! Le tenía que haber pedido que me la mandara, a ver si no me vuelve a pasar. Bueno, lo creáis o no, los libros se terminaron. Di que una amiga hacía un poco de presión a los últimos compradores en plan "venga, que me los quitan de las manos", pero oye, cada uno tiene sus maneras y ya la he nombrado mi directora comercial.

Entre nosotros, no sabéis qué bien me lo pasé... 


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